Es increíble como matemáticamente puedo construir una relación entre lo que puedo descubrir en la gente, y lo que voy comprendiendo del todo. Gráficamente es aquella puerta al final del pasillo, que ni con el paso más acelerado se puede alcanzar. ¿Es eso un problema? Claro que no. Es hermoso trabajar para entender el sentido de la juventud, del futuro, y de lo que colorea la síntesis de emociones vacilantes que surgen de cada oportunidad, para apreciar el contexto, y lo que está a mi alcance. La inconsciencia ya no es amiga mía. Puedo desarmarla y darme cuenta de qué soy, quién soy, y cuál es la verdadera melodía que explica mis movimientos y palabras. La conciencia en cambio, no tiene límite, y se nutre de mis sentidos en acción. Aún no entiendo como puede haber algo tan maravilloso y que no tenga ningún costo en esta dimensión, como lo es el pensar.
Estamos determinados por nuestra propia razón, tenemos inacabable tiempo para crear, elaborar, plasmar en algo o alguien lo que queramos decir. Así como también el futuro es infinito; el medio, lo que pueda hacer como ser humano. Nace como infinito y deja una estela lineal, singular, el único pasado se come al impredecible futuro. Y acepta cualquier tipo de futuro. En este mismo momento, puedo salir a una infinidad de lugares, actuar de infinitas formas, expulsar infinidad de sonidos de mis entrañas. Las consecuencias no sólo formarán parte de mi pasado, si no que puedo tocar el frágil y protegido pasado de los demás. Dejar en sus recuerdos situaciones que nunca terminarán de entender ni agitar en sus mentes.
Últimamente he dejado que la vida se expanda exponencialmente. Ya dejé las ideas egocéntricas de llegar a la periferia del conocimiento, al borde (que ahora veo invisible) de este centro no muy lejano a mi realidad de 17 años de edad. Esta circunferencia es única, mi propio círculo de existencia. Nadie más puede tener un mapa del espacio metafísico que me rodea y me enseña aleatoriamente cada tema que reflejaré en mi mente, sin la influencia de sentimientos subjetivos que finalmente amenazan, pero no actúan. Jamás me había sentido tan libre. Pero lamentablemente esa libertad no es libre. Sólo permanece en mi cabeza curiosa y cariñosa. Lo único que me mantiene cuerdo finalmente es pensar, coherente o incoherentemente, en absolutamente todo. Lamentablemente, a pesar de tener su propio espacio, mi mente comparte el tiempo con mi cuerpo, y muchas cosas intentan distraerme para generar reacción alguna en esta inútil cápsula cerebral que llamamos cuerpo. Por otro lado, quizás en algún momento pensé que las palabras servían en un porcentaje razonable, pero estoy decepcionado terriblemente de ellas y su maldito líder: el Idioma. Por alguna razón, hoy no me siento con ganas de usar el recurso idiomático en su máximo esplendor. Pero creo que no puedo esperar más de un simple medio masivo de comunicación y expresión, carente de pureza y de factores obvios (en especial para entes de mi personalidad) como la transmisión de sentimientos y emociones volátiles. Me presentaron un aparato llamado Arte; dicen que es como el lenguaje, sólo que más elitista y difícil de interpretar, pero que abarca muchas más posibilidades de decir algo.
Volviendo al mundo terrestre, me dirigiré a un tema al azar, reconocible y apelable por todos.
Gracias a diversas experiencias gratificantes, puedo reafirmar una de mis degradables posturas previas. ¿Somos todos iguales? Sí y no. Me interesa la parte negativa. La estructura humana reconocible con la vista es irrelevante, pero a veces estos seres liberan y filtran voces distintas al ruido de la frecuencia vital monótona de los humanos que ya creemos reconocer. Me alegra mucho saber que no todo es vacío en esta delgada malla de seres reprimidos. Comienza una nueva etapa para mi en el potencial social de absorción. Dejaré de criticar (aunque no tenga claro mi posible reaccionar cotidiano frente a los seres con los que me he enfrentado). Me he caracterizado de una forma muy predeterminada (más de lo que creen) en mi estructura moral y psicológica. A veces los cambios pueden carcomer el miedo, así como el temor (porque miedo no es) puede inmovilizar las nuevas experiencias. En todos los ámbitos mantengo mi ritmo; quizás limítrofe, pero efectivo. Y francamente lo noté y lo dejé brillar el día de hoy. Hace unos segundos, mientras escribía esto, me di cuenta de la atemorizante labor que practico, que incluye lo que creía y hacía creer era menos sistemático.
Pero más que dirigirme por la autorreferencia, quiero enfatizar en el pensar ajeno. ¿Nadie teme acaso a cambiar su forma de vivir, de caminar, de conversar, de pensar, de ser? Aún no comprendo si los seres admirables tienen ese principio incorporado en sus perseverantes carácteres. ¿Será realmente la clave convertirse en una variable, y dejar de ser una constante conocida? El problema de la gente es que no piensa en cambiar. La gente siente placer cuando cree cambiar su llamada rutina diaria. Pero la verdadera rutina es, nuevamente, la forma de ser. Cambiar el producto que usas para el pelo o tomar un camino distinto para llegar a tus deberes no interfieren con la frecuencia que hay que gatillar para llevar la práctica al pensamiento. Y siendo más directo, hay que ser alguien distinto. Encarnar vitalmente oportunidades y perspectivas distintas de una misma situación. A mi juicio, es la única forma de romper la rutina, porque no creo en el sinismo de vivir una vida que cree hacerte feliz con lo práctica o cómoda que sea. La única forma es liberar la mente; y para eso se necesita conciencia. Esa misma conciencia que se autoexige la gente para defender el medio ambiente o a los más necesitados. Es así como fundarán su propio círculo infinito del todo. Asimilarán el vaivén agresivo del pensamiento y comprenderán que en sí mismos está todo. Podemos caminar como queramos en la calle, manejando el riesgo. ¿Por qué no vivir mezclando personalidad, autocontrol y realidad? Personalmente creo que la forma de sobrevivir en esta sociedad es la incorrecta. Es invasiva y obligada. Todo está creado en función del cuerpo y las necesidades carnales humanas. Nadie toma en cuenta las expresiones humanas, todo porque a nadie le interesan. Sin embargo, hay realidades hasta científicas que demuestran lo vago que puede ser utilizado el potencial humano. Todos saben que el cerebro humano es mucho más capaz, pero como las leyes de existencia son simples y fáciles de seguir, nadie tomará la vía dificultosa hacia la tierra prometida. Nadie se moverá de su "cómodo" lugar en la sociedad. Nadie irá más allá de la lógica tangible si no es con un empujón de comprensión. Realmente lo lamento por aquellos que no piensan más allá de lo que pueden apreciar los sentidos. Aquellos que piensan en vivir para sobrevivir, y no en sobrevivir para vivir.
El reloj es sincero y no miente, se acaba el tiempo de todos los parámetros medibles. Pero no me asusta. Sé que tengo mucho tiempo para vivir en aquel encierro que relata sólo una fracción de lo que sucede en su interior. Ya saben, el único lugar en donde surge la vida real.