Perdido. Completamente perdido. En mi.
No.
En
mi.
No puedo cargar con el peso de mis promesas. Ya es muy tarde. Todo se pierde en el horizonte. Y vuelvo a caer.
martes, 22 de septiembre de 2015
viernes, 3 de julio de 2015
sábado, 30 de mayo de 2015
I: Diagnóstico
Luces. Sonidos. Pensamientos. Frío. Tiempo. El eterno correr del tiempo. La eterna contemplación del silencio. Sobreviví al encadenamiento perpetuo de mi espíritu, y luego de un larguísimo vaivén de emociones, experiencias, vida y aprendizaje, logré volver al punto de partida. Pero aún no logro recuperar mi antiguo ser. No se quién soy ahora, y no recuerdo quién era. No se qué será de quien aparento ser. No se qué espero que suceda con esta vida, este tiempo que corre, y esta profundidad infinita que no refleja luz alguna. Hay mil puertas. Mil salidas, más ninguna me saca de esta locura. De esta carne. Ya no más. No quiero más oportunidades. No quiero más presión. No quiero buscar el infierno de la perfección. No quiero apilar más ego inútil. No quiero alcanzar más metas ficticias. No quiero cumplir sueños que no son. No más. Quiero ser libre. Libre de los demás. Libre de mi mismo. Libre de mi mente atormentadora. Libre del pasado y del futuro. Libre del arrepentimiento. Libre de la crítica silenciosa. Libre de los deseos carnales. Libre de las restricciones sociales. Libre de las restricciones artísticas. Libre de los principios y finales. No quiero ser nadie para poder ser yo mismo. Para encontrarme a mi mismo. Quiero perseguir mis sueños. Sueños reales. Sueños profundos. Sueños cuya meta es más que el premio de la aceptación. Quiero volver a soñar. Quiero decir lo que pienso de forma clara. Quiero amar. Quiero amar. Quiero amarte. Quiero huir de mi decepción. Huir del tiempo, del dinero, de lo bueno y lo malo. Quiero caminar sin un rumbo fijo. Quiero sorprenderme. Quiero vivir.
Estoy al borde del colapso. Y no se por qué siento que me gusta esa sensación. Quizás creo que todo aquello volará en mil pedazos. Todos volarán en mil pedazos. Todos recibirán aquel impulso eléctrico que liberaré. Todos cambiaran su expectación por compasión. O quizás no lo harán. Pero al menos podré darme el gusto de decepcionar. Quiero decepcionar. A todos, menos a mi. Quiero dejar de decepcionarme a mi con triunfos insignificantes. Ya ni siquiera quiero aparentar esto. Aparentar claridad. Aparentar coherencia. Aparentar literatura. Solo quiero liberarme de una vez. De una vez. Quiero entender el mundo. No quiero quedarme atrás. No quiero ser él. Él. Quiero ser yo. Yo. Quiero creer en mi. Quiero desafiar a la locura. Quiero sembrar amor y ser amado por mi naturaleza. Quiero ser feliz. Quiero que este deseo de llorar me haga estallar. Quiero usar todas las palabras del mundo. Quiero escribir sin parar durante el tiempo que requiera sacar tantas mentiras de mi. El tiempo que requiera comprender algo que valga la pena. El tiempo que requiera elegir un camino. El tiempo. El tiempo que no deja de correr. El tiempo que condena a los débiles, a los indecisos, a los que toman malas decisiones. El tiempo. Que no da segundas oportunidades. El tiempo.
El tiempo.
El tiempo.
Que solo corre hacia adelante. Que es capaz de ignorar el pasado de una forma envidiable. Que es capaz de juzgar por lo verdadero. Que no se detiene a condenar. Que no se detiene. Que no se detiene como yo lo hago ahora.
Ahora.
Planeaba escribir. Planeaba escribir después de mucho tiempo. Planeaba escribir porque llevaba meses buscando aclarar mi mente que se rebalsa de experiencias. De realidad. De decepciones. De vergüenza. He vivido bastante después de la liberación. He logrado algunas cosas. Y han pasado muchas otras desde entonces. Más de las que esperaba. En su momento fueron increíblemente revitalizantes. Hoy son solo parte de la base de la que estoy parado. Son parte de esta pequeña pieza en un edificio de 5 pisos al otro lado del mundo desde donde sucedió mi auge y caída. Es fácil mentir. Es fácil engañar. Es fácil engañarse y lograr cosas que no parecen fáciles. Lo que es difícil es no pasar por alto lo realmente relevante. Pero los golpes de la realidad comienzan a hacerse presentes. La sociedad comienza a enseñarme que no estoy listo. Nunca lo estuve. Que no soy yo quien debe comer de ese pan el día de hoy. No soy yo quien debe hacer y ser deshecho. No soy yo quien creo ser. Que aquel nihilismo no era realmente eso. Que aquel interés no era más que el que tiene un niño con su juguete de navidad nuevo. Que aquella confianza no tenía cimientos puros. Que aquella mirada era la de la naturaleza. Que todo lo que yo diga no es más que ruido. Que la vida se aprovecha de mi ignorancia. Que ya ni siquiera soy el punto en el cielo que creía ser. Porque ese punto no soy yo. Yo soy vacío. Yo soy invisible. Yo he desperdiciado mi vida tratando de adornar la inexistencia. He gastado mi vida tratando de no ser ignorado. Tratando de llamar la atención. Tratando de lograr la aceptación. Pero no solo no he logrado ser aceptado, tampoco he logrado aceptarme. No puedo verme al espejo, porque no estoy ahí. No puedo comunicarme con nadie, y recientemente conmigo mismo tampoco. Siempre creo que me falta algo. Algo pequeño. Algo que creo saber qué es. Pero lo cierto es que me falta todo. He fallado. El tiempo me persigue con su sonrisa llena de sabiduría.
Y aún no logro despegarme de aquella forma de pensar. Todo es una imagen. Todo es plano. Sin profundidad. Sin soporte. Una impresión. Una referencia. Una que otra palabra. Pero nada más. Cada prueba es más y más dura. Cada silencio es más penetrante y retumbante. Cada movimiento es más impactante y doloroso. Cada mirada arde más. Ya no hay manera de mantener en pie esta estatua de arcilla. Buena arcilla, bella estatua, pero al borde del colapso. Prefiero el piso. Prefiero derrumbarme para ser reconstruido desde la nada. Ya no quiero ser un peón de los demás. Ya no quiero tener más razones para decir "quiero". Solo quiero ser.
Ser y hacer
feliz.
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