domingo, 27 de noviembre de 2022

Crónica anhedonia

El pasado siempre te busca en tus momentos más bajos y se manifiesta de diversas maneras. A pesar de que algunas memorias constituyan vivencias hermosas y formativas de alguna vez, muchas de estas mismas son de una densidad y peso tal que arrastrarlas hacia el futuro se vuelve un trabajo no menor.

Me quiero separar del pasado. Aunque sea por un tiempo. Estoy cansado de llevar esa ancla pesada que me hace mirar atrás constantemente. Un ancla que me hace dudar una y otra vez de cada paso porque solo con su enorme peso me insinúa que no debería salir de aquí.

Un ancla en la tierra. Un ancla en el mar.

El mar. 

Inmenso. Infinito.

Las olas, que truenan a la distancia con su ímpetu, con su obstinación por decirle algo a la tierra. Quizás decirle que deje de avanzar. Que mar adentro es territorio del calmo océano, y que esa paz no será interrumpida por nadie ni nada.

¿A quién le estoy respondiendo esta vez?

¿Por quién es que tomo mis decisiones?

Definitivamente hace años que no es por mi. Aunque toda me vida he sentido el mismo llamado. Quizás con matices distintos, pero el núcleo fundamental de mi motivación parece siempre yacer en territorio ajeno. Un territorio ambiguo, desconocido. Uno que no perdona y no escucha a nadie. 

Pero la verdad es que nunca debió estar ahí. Debió estar en mi. Porque me pertenece. Como el mar le pertenece al mar. La tierra a la tierra. La familia a la familia. El amor al amor. El pasado al pasado. El presente al presente. El futuro... quién sabe.

¿A quién estoy construyendo realmente? ¿Para quién? ¿Por qué?

Día a día. Noche a noche. Palabra a palabra. 

Mi hipocresía es digna de admirar. Puedo tomar algo y darle miles de vueltas y pretender que es todo lo contrario a lo que yo mismo critico. Pero es lo mismo. Siempre fue lo mismo. Quizás menos explícito. Quizás con justificaciones más elaboradas. Pero finalmente lo mismo. Y peor. Porque no me doy cuenta de aquello.

Quiero ser libre. Hoy, quizás más que nunca, siento que comprendo el significado de esa palabra. Jamás fue lo que yo creí que era. Sino todo lo contrario. 

Pero la mente me sabotea, como toda la vida. La mente que no se calla. Ni siquiera el mar con su enorme resonancia puede hacer callar a la mente. La mente que he de drogar para mantenerla bajo control. Porque en la sobriedad me tortura. Solo repite incesantemente el mismo libreto que me ha hecho escribir durante toda mi vida.

Quiero ser libre. Eternamente libre. Soberano de mis emociones. De mis pasiones. De mis acciones. De mis reacciones. De mis fracasos y de mis logros. Soberano de algo. Alguna cosa.

Quiero asesinar a ese impostor. Al dios interno. Al jefe. Al dictador. Al niño pródigo. Al hombre solitario que yace ahí, mirándome con desdén, con decepción. 

Hoy, quiero mirarlo de vuelta yo. Darme cuenta lo patético que es. Porque lo es.

Pero no es todo. Hay algo más. Y juro que lo voy a encontrar, y no le voy a perdonar la vida. Porque me ha quitado la mía. Me ha convertido en una simple criatura ahogada en su propia indiferencia.

Apatía. Agonía. Anhendonia.









miércoles, 13 de julio de 2022

Los últimos respiros son aún más volátiles que los ahogos esporádicos del pasado.

Ya ni esto queda. Solo queda lo material. Lo pragmático. Lo correcto.

El hoyo se agranda y se va llenando con más de lo mismo; es como una maldición. 

¿Qué viene luego de esto? 

Y yo que pensaba que estaba mal antes. Al menos algo de vida había en mi en ese entonces. Algo de sentimientos. Algo de humanidad

Porque ahora nada. ¿Para qué fue toda la preparación? ¿Para qué peleé tanto conmigo mismo? ¿Para qué me esforcé tanto? Tengo todo lo que quise realmente, y más. ¿Pero con qué fin? ¿Con este fin? o mejor dicho, ¿este final?

Mi débil espíritu ha sido finalmente carcomido por el consumo. El consumo de mi vida, pues la he tomado, aliñado y servido con delicadeza para ser consumida lentamente. Sin absolutamente nada que poder hacer al respecto. Porque así funciona esto. Ya no parece haber vuelta atrás. Menos una vuelta atrás carente de experiencias traumáticas. Eso es probablemente lo único que podría mantener la esperanza realmente. Pero aún así, es solo eso. Esperanza.

Es tan claro en quien o qué me convertiré que es casi irrisorio.

Lleno de amargura,
Lleno de prejuicios,
Lleno de obsesiones,
Lleno de vicios,
Lleno de rencor,
Lleno de tristeza,
Lleno, de nada;
solo.

Solo.

A veces desearía ser más simple. No pensar tanto. No querer tanto. No ser tanto.
No ser nada.

Porque mis obsesiones me han hecho perderlo todo.

Definitivamente.

O bueno, casi todo.

Creo que ya no necesito seguir viendo esta película para saber cómo termina. Se vuelve repetitiva. Es muy obvio todo.

Nunca seré aquella persona. Porque esa persona no existe realmente. Esa persona es una fantasía. Esa persona es una ilusión. Un espejismo. Un sueño.
Una mentira.

Ayuda.

O mejor, huyan.
Huyan de mi, que acá solo hay muerte y tristeza.
Porque soy el quemador de sueños. El asesino de ideas.
El burro del por qué.

El vigilante.

El castigador

y el castigado.

domingo, 23 de febrero de 2020

Fénix

Como el Ave Fénix, renace de las llamas.
Como el Ave Fénix, renace de las llamas.

Sinceramente, no suena tan difícil. Es más fácil volver a subir cuando ya se ha tocado fondo. Pero no quiero tocar fondo. No de nuevo.

Como el Ave Fénix, renace de las llamas.
Como el Ave Fénix, renace de las llamas.

He de buscar la meta, o más bien, hacerla mía. He de sentir su lejanía como un dolor físico permanente. He de sentir cada paso correcto como un auténtico alivio. He de vivir en carne y sin cuestionamientos los delineamientos que esta requiera.

Como el Ave Fénix, renace de las llamas.
Como el Ave Fénix, renace de las llamas.

¿Cómo? Honestamente, ¿Cómo lo hacen? ¿De dónde sale su combustible vital? ¿Es realmente aquello tan primal? ¿Eso me va a dar un propósito?

Ya ni sé como explicarlo. Como explicármelo a mí o quién sea. Pero si no hago algo pronto, todo va a empezar a salir muy, muy mal.
Si no hago nada, todo va a pudrirse. A pudrirse feamente por culpa de mi negligencia. A caer por su propio peso. Un peso que me creí capaz de sostener. No, un peso que sé que soy capaz de sostener pero que me encuentra en condiciones desfavorables. Condiciones desfavorables que forman parte de mi esencia natural, de mi evolución a lo largo de los años, de la respuesta inevitable al crecimiento espontáneo, a la suerte. El camino no puede ser derecho hacia arriba. Siempre habrán bajas, sobre todo en los peores momentos.

Tal como aquel día, debo arder, arder en mil llamas. Hasta que las llamas se vuelvan brasas, y esas brasas se vuelvan cenizas. Hasta que esas cenizas sean condenadas a muerte por el implacable viento de un invierno que no perdona a nadie. Es ahí cuando entonces, podré al fin renacer. Con un propósito. El propósito de vivir. El propósito de ser libre. El propósito de hacer valer mi existencia y hacerle justicia a mi potencial.

La comodidad es el veneno de mi generación. La auto-compasión. La auto-satisfacción. La auto-aceptación. La engañosa libertad cuya abundancia nos ahoga. Nos ahoga en nuestra baba, en nuestros deseos superficiales y vanos. En un millar de metas fantasmas y sin consistencia. Y a su vez, nos corta los brazos, las piernas, y el valor. Nos deja totalmente libres es un océano de oportunidades, pero sin brazos para nadar.

La impotencia es el castigo más duro que puede recibir un humano. El ver todo lo que a uno le importa desmoronarse sin poder hacer nada es probablemente el sentimiento más desgarrador que una criatura puede soportar. Y ahí está, día a día. Presente de la manera más retorcida posible. Verdugo y víctima al mismo tiempo.

Verdugo y víctima al mismo tiempo.

Como el Ave Fénix, renace de las llamas. Frente a todo pronóstico. Contra toda corriente.
Contra la gran corriente de la vida. La más canalla y abrumadora. Pero que esconde tras de si el paraíso. O mejor dicho, es el paraíso.

Como el Ave Fénix, renace de las llamas.

lunes, 15 de julio de 2019

Martillo

La ignorancia es la ceguera como un don.

Ceguera frente al infinitamente ágil acontecer y resonar del universo. Ceguera ante los altos placeres de la humanidad, como diría John Stuart Mill. Ceguera ante los niveles más profundos de la auto-conciencia y la fractal complejidad del mundo físico y metafísico.

Pero también es ceguera ante el laberinto intrincado e interminable de la mente. Ceguera frente a los altos sufrimientos; frente al avasallador peso de la conciencia y de la memoria. Ceguera ante el incesante oscilar ruidoso y caótico de la primitiva naturaleza humana, o al menos de la nueva naturaleza humana; esa que fuimos armando inocentemente a una velocidad mayor de la que evolucionamos en el sentido biológico.

¿Cómo fue que pasó que nuestras interacciones con y dentro del mundo se volvieron tan complejas si hemos pasado gran parte de la historia tratando de simplificar nuestras vidas? ¿Es esto causado por la desatención a lo realmente vital y por la negligencia característica de los humanos al permitir que la entropía del universo haga lo suyo frente a nuestras narices? Quizás.

Lo hermoso de la ignorancia es que permite ver a través de este agujero negro que inconscientemente hemos abierto por culpa de aquella peligrosa curiosidad humana. Permite ignorar. Nos permite ignorar. O mejor dicho, nos habría permitido ignorar. Ignorar toda esa basura que pusimos caricaturescamente en nuestro campo de visión. Ese ridículo auto-sabotaje del que toda una generación intenta escapar desesperadamente a la vez que se aferran a las tradiciones y respuestas de un mundo que ya no existe. Un mundo mucho más simple, después de todo, que el que tenemos hoy. Pero ese mundo lo matamos de alguna otra manera; o más bien, lo expusimos demasiado. Tratamos de entenderlo demasiado. Tratamos de dominarlo, subestimando su intrínseco poder para hacer justicia, y para combatir el orden con caos, y el caos con más caos. Porque al final la vida es eso: caos. Y tratar de entenderlo es lo mismo que quemarse vivo.

Soy un ser humano. Un homo sapiens. Un ser primitivo con una mente indomable, pero primitivo al fin y al cabo.

Me he dado cuenta de que los únicos momentos de bienestar real que he conseguido durante los últimos años han sido producto de acciones con tendencia al neoprimitivismo.

Es extremadamente absurdo e infructuoso tratar de domar porciones insignificantes del universo metafísico con la muerte, la enfermedad, y el lado oscuro de la excesivamente romantizada naturaleza asechándonos a cada segundo. Observándonos con risa o incluso decepción lo mucho que agigantamos nuestra fugaz existencia. Yo también me reiría. Pero lamentablemente sigo atrapado en lo mismo.

Y es tan, tan fácil pensar que se está avanzando en el sentido correcto cuando simplemente se están descaradamente maquillando las banales metas primitivas que nos vuelven humanos nuevamente. Que nos acercan aunque sea por unos segundos a lo que realmente se condice con nuestros prostituidos cuerpos terrenales. Que nos quitan el peso de la conciencia y nos permiten saborear la desintegrada ignorancia. Pero, ¿son tan malas estas metas entonces?

¿Cuál es realmente el punto exacto al que hemos evolucionado? A mi parecer, está entre esto y aquello. En un punto en el que la conciencia y la inocencia viven armoniosamente en paz.

¿Cuál es realmente el punto exacto al que hemos evolucionado? A mi parecer, quedó lejos. Más lejos de lo que nos gustaría. Porque lo que nos gustaría está intrínsecamente adherido a la capa social, a la capa redundante y relativamente insignificante que hemos construido sobre nosotros.

Lo que realmente nos gustaría no es lo que realmente nos gustaría. Nos gustaría muy probablemente que nuestra evolución fuera tal como esa que anhelamos al cobardemente escondernos de nuestra tormentosa conciencia. Esa que desesperadamente buscamos por medio de estupefacientes. Esa que tienen los niños. Esa me gustaría a mi. Pero me gustaría domarla. Hacerla mía. Ser uno con ella. Converger física y metafísicamente en la criatura que realmente soy, y no en la creo ser, o peor, quiero ser.

Y es que me dan ganas de vomitar al verme tratando de descifrar ese puzzle inútil y extremadamente peligroso. Uno envenenado hasta la última pieza por imágenes artificiales que conjuntamente hemos diseñado para robarnos el alma y sostener la sofocante atmósfera de competitividad en la que vivimos. Somos nuestro peor enemigo. Mucho más que la naturaleza sin compasión. Por la sencilla razón de que no nos dejamos escapar al grabar con fierro caliente acciones y reacciones de clarísima inhumanidad en nuestra frágil inconsciencia. La pobre e inocente inconsciencia que violamos, no, aún peor, que descuartizamos diariamente con total impunidad y a la luz de nuestra extensa complicidad social.

¡Oh gran Buddha! Tu que formulaste aquella segunda noble verdad, ayúdame.

Lo único que se puede hacer es sacrificar una parte por el todo. Lo único que se puede hacer es agarrar el martillo y forjarse de nuevo, machacando toda pizca de humanidad disuelta. 

Lo único que se puede hacer es regurgitar el grueso incongruente de lo social y volver a ser un simple humano.
Un humano como el que renegamos y frente al cual nos creemos vanamente superiores.

Un ser humano primitivo.

viernes, 12 de octubre de 2018

Su silueta insiste en mostrarse como la de un héroe indomable a la luz de la victoria, más la inseparable oscuridad de su sombra sostiene perpetuamente el opaco anonimato.

Al menos en el infierno es fácil darse cuenta de lo que te quema.

Llévame,
que yo ya no puedo caminar.

sábado, 28 de abril de 2018

Gritos

Voces. Risas. Vasos chocando. Conversaciones.
Infinitas conversaciones en las que me gustaría participar. Conversaciones en las que pienso que podría decir algo. Pero no se qué. Porque al qué se lo come el cómo. Pero el cómo es irrelevante. 
Con una mirada de animal inocente e inconsciente lo único que puedo hacer es observar. Observar como el mundo se desarrolla al rededor de mi. Como una conversación evoluciona. Como dos personas dicen cosas simples, cosas de una simpleza tal que parece irrisorio. Cosas que yo no puedo decir. Porque esa simpleza es muy compleja para mi, esa simpleza no es simpleza cuando eres mudo. Cuando el cómo gira y gira en un remolino perdiendo de vista al qué. Cuando pierdes el hilo. Cuando se borra el camino y no sabes como llegar al destino. Que bella analogía. No, que horrible. Porque es un infierno, un infierno tan invisible como real. Tan terrible como ignorable. Yo me pregunto cómo pueden ser 2 personas tan diferentes. Cómo es que ellos son tan ellos y yo soy tan yoEn qué minuto cambiamos tanto. En qué minuto nos fuimos por caminos tan distintos. ¡Y yo que pensaba que estaba de su lado!

Y se va a cumplir un año. Pensé que estaba mejorando pero parece que no. Ahora si que estoy perdido. Iba todo super bien, o eso creía. Pensé que me iba a sanar. Pensé que todo este infierno se iba a congelar, que el virus se iba a morir o que la inflamación iba a disminuir. Pero no. Está ahí, igual de vivo que siempre, igual de mortal que siempre.

Y ya no tengo donde huir. Porque la respuesta está acá. Y yo solo la evito.

Que injusto.
Por qué no me dejan.
Por qué no me dejan simplemente.

Por qué no me dejan simplemente morir.

martes, 27 de marzo de 2018

Paz estridente

Yo creía que no
Pero resulta
Que estoy pendiendo de un hilo
Y es uno bien delgado
Y está al rededor de mi cuello
Y me...

y me asfixia.

domingo, 18 de marzo de 2018

Décadas

Aún me acuerdo, durante las tardes solitarias del otoño, a veces, de ti.

De tu pseudo-sabiduría rebalsada de tierna petulancia,
De tu moral rígida a base de prejuicios pero fuertemente desaliñada,
De tu inocencia injustamente reprimida y despreciada,
De tu felicidad y sorpresa genuina por aquello fuera del foco común,
De tu enamoramiento accidentado casi parte de una traumática broma,
De tus prioridades desparramadas por la rebeldía,
De tu mente hecha de frágil cristal reciclado,
De tu rechazo intenso e irreverente al balance,
De tu orquesta interminable de conclusiones ad hominem,
De tu ego de papel mojado con la tinta corrida,
De tu potencial en infinito estado de hibernación,
De tu cobardía heredada y potenciada,
De tu mirada pre-nihilista, pálida y desorientada,
De tu aficionado amor por el amor, más por nada más,
Y sobre todo,
De tu eterno vaivén entre el cómo, el dónde y el quién,
pero nunca del cuándo, el qué y el por qué.
¿Por qué? ¿Alguna vez te lo preguntaste?
¿Alguna vez me lo pregunté?
Porque en el ahora, yo me quedo con el resto.
Soy yo,
El que tiene que hacerse cargo de esas preguntas.
Soy yo,
El que tuvo que desmenuzar tu intrincado rompecabezas emocional.
Pero, ¿Para qué? ¿Para qué someter tu inocencia?
¿Para qué transformarte en algo que no puedo demostrarte que es mejor?
¿Para qué prepararme tanto para un viaje que nunca va a comenzar?
¿Para qué rehacer tantos planes si al final todo es un sueño?

Espero que algún día me perdones.
Y volvamos a ser amigos.
Volvamos a ser parte de la misma historia.
Aunque sea la historia más vacía y lenta del mundo.
A pesar de todo, mi gusto por aquel disco no ha cambiado.
Me alegro de no haberte quitado eso. Me alegro que me lo hayas dejado intacto.

Te quiero jurar, buen muchacho, que este baile se va a terminar.
No se si con un propósito o con una bala,
Pero, porque aún te admiro y te aprecio incondicionalmente, te quiero jurar,
Que se va a terminar.

Porque aún me acuerdo, durante las tardes solitarias del otoño, a veces, de ti.

sábado, 3 de marzo de 2018

Pesimismo

Cómo pasó, qué fue, y de dónde vino. Ah? Está todo muy tranquilo por acá pero... 
Somos muy buenos para volvernos adictos. Adictos a los placeres feos pero fáciles. Y esos que creemos no son tan fáciles.

Yo estaría muerto probablemente, si no fuero por eso o aquello. Nadie lo sabe. Estuve ahí abajo. No es tan lejos de acá pero era aún peor. De aquí puedo seguir escalando, o eso creo. Las rocas se ven firmes, se filtra algo de luz. Pero me aterra un poco usar esa vieja escalera que cuelga al otro lado. Se ve frágil, vieja y traicionera. Es una decisión difícil. Qué pasa si el camino por las rocas se acaba? Si quedo varado en la mitad, a medio camino y me doy cuenta que tomé la decisión incorrecta? Por lo visto no es solo avanzar esforzada pero ciegamente. Hay que pensar un poco también. Me gustan estas rocas, se ven firmes, me dan confianza; pero quizás no sirven para nada al final. Por qué lo harían? Por qué llegarían al final? Y si se me acaba la fuerza? Y se si vuelven afiladas?

Aprendí la lección? Cuál lección?
No fue quizás un error de estado y no de acción?
Y si lo que me golpeó fue mi autoestima y no otra cosa?
Por qué me arrepentí tanto? Qué es el arrepentimiento? Si uno toma una decisión, es por algo. Algo hubo en aquel momento. Algo que no estaba después. Algo que fue diferente. Algo que me quitaron, o que me quité, o dejé escapar. Y si no es eso? Y si lo que dejé escapar o me quité esa vez era el efecto de una droga?

Soy un ser muy, muy emocional, a pesar de todo. Cada día es un "nuevo comienzo". Cada día es una promesa. Gané algo con todo aquello? Soy mejor? Mejor que alguien o mejor que yo mismo?

No parece ser tan difícil el saber qué hacer. Pero hay algo a lo que temo. Pasó una vez. No quiero que pase de nuevo. Fue el acto de crueldad más grande que he cometido y aún así no fue voluntario. Como puede ser tan largo el veneno digo yo. Cómo tanto aprendizaje y nula capacidad de aplicarlo.

Puta ambición. Sueños podridos. Puta cultura de la televisión.
Puta. Putas. Por ahí va. Puta venganza. Puto nihilismo.
El ego debe desaparecer.
El yo.
Sin embargo lo sigo alimentando. 
Lo quiero todo. Tener todo. Saber todo. La atención de todos y todas. Y luego qué?
Ah sí, luego me pego un tiro. Que buen final. Un tiro, bien feo, de escopeta. Porque lo que viene después es mil veces más feo. Después no hay nada. 
Simplemente nada.
Ni nadie.
Ni tu.
Ni ellas.
Ni ellos.
Ni yo.

Yo, yo ya no puedo decirlo. Ya perdí el don.
Ya no se como sentir amor. Solo se como sentir venganza.

Sálvame la vida.
Pero sin ser amable.

sábado, 29 de julio de 2017

Nubes

Hoy quiero dejar de ser tan humano
Hoy quiero volver a ser primitivo
Pero ya se que anhelar es en vano
Y también que sin hacerlo no vivo

jueves, 20 de julio de 2017

Escribir

Es tan bello
como aquellos días
en que quería vivir.

Escribir

Es tan real
como aquel monte de ahí
que no puedo subir.

Escribir

Es tan natural
como la música al hombre
y el amor a sonreír.

Escribir

Es tan útil
Como vivir de noche
y de día, a veces, morir.

viernes, 14 de julio de 2017

Adicciones

Basta un segundo extra, una vacilación, un descuido para ver como todo se desmorona rápidamente. Basta un desequilibrio para caer de la cuerda floja. Bastan unas horas fuera de la dosis necesaria para recaer. Es un espectáculo delicioso. Una obra tragicómica del poder burlesco de la naturaleza. Pero hoy no es un mal día. No señores. Todavía estoy a tiempo. A hora. A minuto. Todavía puedo volver a drogarme y ponerme en curso. Ponerme en el frío y metálico carril que me mantiene en dirección y a salvo. Aún no se hasta donde lleva este carril. El carril de la felicidad. El carril del bienestar. El carril que pasea por todas las atracciones del parque que llamamos vida. La vida de J. Pero cuidado, que nada se toca. Solo se puede mirar desde este carro. Porque va muy rápido y es peligroso sacar los brazos. Es peligroso tocar las atracciones. Las tentaciones. A las demás criaturas. Al menos por ahora.

Porque yo te anhelo. Anhelo la prosa. Anhelo el papel. Anhelo las palabras. Desde lo más profundo. Pero este cuerpo y esta mente juguetona no me dejan llegar a ti. Ya llegará el día en que los controlaré. De verdad lo haré. Y es ahí, es entonces, cuando voy a desatar toda la ira y el momentum del corazón en este mundo. 

Es hora de irme. Me toca pensar en como me voy a morir. 

miércoles, 7 de junio de 2017

Ebullición

Luego de idas y vueltas, miradas fijas y evitadas, preguntas y respuestas, felicidades y tristezas, fuerzas y debilidades, búsquedas y resignaciones, valentías y miedos, canciones y silencios, la luz comienza al fin a filtrarse por mis párpados hinchados de existencia.
Hoy, nuevamente, con la guitarra en la mano comienzo a improvisar. A dejar correr los dedos por si solos ya que mi mente tiene miedo y se queda atrás. 

Es difícil ver aún los principios y los finales. 

El primero es muy difuso y se camufla en eventos, pensamientos y personas. La lista de candidatos y culpables rebalsa el vaso de las excusas pero ambos sabemos que no hay lugar para más que un elemento. Las raíces de aquella fuerza avasalladora residen en la frustración aguda del núcleo natural de mi ser. Pero el punto de ebullición parece estar determinado y esparcido en la profundidad de aquel pozo que carcomió partes de mi ser que jamás imaginé, hasta hoy.

El segundo es, si existe, eso: el final.

La verdad es que es una muy mala combinación de cosas. Una muy, muy mala. Y cuando creo tener una bajo control, la otra me pregunta: "¿Y por qué?"
Yo no soy fuerte. Nunca lo he sido. Y estar tan disociado de la realidad tampoco ayuda. Mi mente necesita fluir hacia algún lado, hacia alguna persona, hacia lo que sea. Pero me es cada vez más difícil. Las banalidades y explosiones fugaces de emoción y bienestar no perduran lo suficiente, y como una droga me vuelven dependiente. Dependiente de la música, el alimento, la risa y el sexo. Y es que cada día que pasa sin que haga algo al respecto me acerco más y más a ser un simple animal. Un animal frustrado y atormentado por la imposibilidad de ser humano. De desear como humano; de cumplir un propósito de humano. 

Creo que aún es tiempo de hacer algo. Si no fuera así, no estaría acá. Pero ya son varios años los que llevo en esto y recién ahora me estoy dando cuenta de la profundidad del problema y de que a pesar de mis intentos monumentales para escapar y ser alguien, lo único que logro sentir y llenar, es nada.

Si hay algo bueno de todo esto, es que al fin he logrado darme cuenta de una cosa:

Estoy enfermo.

martes, 4 de abril de 2017

Despertar

Y la corriente insensible y estruendosa del viento invernal 
se lleva las cenizas de un ayer intenso de lujuria y tempestad
pero que en su fuego ambicioso quemó hasta la soledad 
y consumió como leña el corazón de su propia vitalidad.

lunes, 27 de marzo de 2017

Ahora me doy cuenta. De eso y de muchas otras cosas.
Todas las puertas están cerradas. Pero es porque no tengo la llave, y quizás nunca la tendré. Es porque forzándolas no lograré entrar jamás. 

Ya me aburrí. Me aburrí de dar vueltas en el pasado. En los sueños y los recuerdos de un tiempo que fue distinto. Y es que soy tan débil que de algo tengo que aferrarme.

Fue todo una ilusión. Pero las decisiones ya están tomadas, y el camino a medias. Pero el impulso se acabó. La energía también. Y espero así, que las ilusiones también.

No se hacia donde ir. Realmente solo quiero desaparecer.
Desaparecer de este mundo.
Desaparecer de este cuerpo.
De esta mente.

Y huir.

De los sentimientos. De la frustración. De la agonía.

Siento que estoy cerca del fondo, pero sigo y sigo cayendo.
¿Cuál es la gracia? ¿Dónde termina esto?

¿Cuando voy a poder empezar a ser feliz de nuevo?

miércoles, 22 de marzo de 2017

Dudas

A veces
hay que parar
y pensar en todo aquello
por lo que se sigue avanzando
y darse cuenta que quizás 
existen otros caminos 
que podrían servir
para llegar
a ti.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Así como el sol deja de calentar, las flores dejan de respirar.
Así como el río desemboca, a la deriva queda violenta la popa.
Así como después de la tormenta viene la calma, el susto perfora el alma.
Así como las luces se apagan, el camino se vuelve hogar de los que vagan.
Así como el amor no encuentra puerta, la vida se declara muerta.
Así como te amé allá, aquí, ayer y hoy, el mañana me ignora porque ya sabe quien soy.

¿Acaso ya no tengo permitido amar?
¿Qué tengo que hacer para sacarme esta maldición?

A la mierda la poesía.

Quiero amarla.
Quiero ser amado.

Quiero que nos amemos y nada más importe.

Pero eso no va a pasar.

Porque ella es ella,

Y yo no se quién soy.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Horizonte

Y en la distancia, en la infinita distancia
Que erguida no se achica en su elegancia
Persevera la obsesión que culmina en silencio
Y es que el amor es sobre todo bien necio
Y a uno lo vuelve víctima del inmenso peso
Que se queda en la falaz ilusión de un beso

La espera a uno lo hace querer dormir
Pero si uno despierta de golpe solo querrá en eso seguir
El deseo y la expectación se alimentan del otro
Y se mantienen a flote como el galope de un potro
Que lleva hasta el cielo al cuerpo y al alma
Y los deja caer sin piedad, sereno y con toda calma

Y los paisajes están quietos y observan mi condena
A tener que vivir en un paraíso pero con pena
Y es que los colores me ciegan en la búsqueda
De la nada que alguna vez tuvo aroma y ceda
De felicidad genuina y de brillante candela
Más sin la ropa adecuada el frío congela

Al borde de la ilusión se asoman las posibilidades
Más la que antes huía hoy parece llena de bondades
Cada paso hacia adelante invierte el sentido y me aleja
La oscuridad me hace perderme y así me deja
Y en la distancia, en la infinita distancia
Fuiste un espejismo producto de mi demencia

sábado, 26 de noviembre de 2016

Es

Es el hombre sereno
El inmune al veneno

Es la distancia inmensa
La tormenta más intensa

Es el arte literario
Mi aliado primario

Es la ficción peligrosa
La droga más hermosa

Es el silencio ruidoso
Aquel vacío meloso
Que por las noches grita
Cuando mi alma tirita

Es el acorde estruendoso
El que despierta del sueño al oso

Es el pasado errante
Un c'est la vie incesante

Es el amor que no quizo
Ese pasaje al paraíso

Es el café amargo
El que pretende socavar al letargo 

Es la cama olvidada
La que no entiende nada
Y procura sujetarme
Para que no me desarme

Es el tiempo infinito
Lo feo y lo bonito

Es la fracción de segundo
El momento más largo del mundo

Es el vaivén del por qué
La búsqueda del porque

Es la mañana ligera
Quien pone a la noche a la caldera

Es el saber que no vendrás
El que me dice por qué no vas
Más es el tiempo que estuvo de más
Quien sabe que ya no estarás

jueves, 3 de noviembre de 2016

No temas

La muerte no es el final, sino solo una transición.