Ya ni esto queda. Solo queda lo material. Lo pragmático. Lo correcto.
El hoyo se agranda y se va llenando con más de lo mismo; es como una maldición.
¿Qué viene luego de esto?
Y yo que pensaba que estaba mal antes. Al menos algo de vida había en mi en ese entonces. Algo de sentimientos. Algo de humanidad.
Porque ahora nada. ¿Para qué fue toda la preparación? ¿Para qué peleé tanto conmigo mismo? ¿Para qué me esforcé tanto? Tengo todo lo que quise realmente, y más. ¿Pero con qué fin? ¿Con este fin? o mejor dicho, ¿este final?
Mi débil espíritu ha sido finalmente carcomido por el consumo. El consumo de mi vida, pues la he tomado, aliñado y servido con delicadeza para ser consumida lentamente. Sin absolutamente nada que poder hacer al respecto. Porque así funciona esto. Ya no parece haber vuelta atrás. Menos una vuelta atrás carente de experiencias traumáticas. Eso es probablemente lo único que podría mantener la esperanza realmente. Pero aún así, es solo eso. Esperanza.
Es tan claro en quien o qué me convertiré que es casi irrisorio.
Lleno de amargura,
Lleno de prejuicios,
Lleno de obsesiones,
Lleno de vicios,
Lleno de rencor,
Lleno de tristeza,
Lleno, de nada;
solo.
Solo.
A veces desearía ser más simple. No pensar tanto. No querer tanto. No ser tanto.
No ser nada.
Porque mis obsesiones me han hecho perderlo todo.
Definitivamente.
O bueno, casi todo.
Creo que ya no necesito seguir viendo esta película para saber cómo termina. Se vuelve repetitiva. Es muy obvio todo.
Nunca seré aquella persona. Porque esa persona no existe realmente. Esa persona es una fantasía. Esa persona es una ilusión. Un espejismo. Un sueño.
Una mentira.
Ayuda.
O mejor, huyan.
Huyan de mi, que acá solo hay muerte y tristeza.
Porque soy el quemador de sueños. El asesino de ideas.
El burro del por qué.
El vigilante.
El castigador
y el castigado.