martes, 28 de diciembre de 2010

Crisálida

Y así como si nada, he dejado de creer en el ayer. O esa es la sorpresa que quiero darme. Me aburrí de vivir para conseguir los materiales que construirían mi historia. Porque si sólo la escribo ciegamente, se que podrá ser una historia auténtica. Vivamos hoy, y sólo cuando realmente haya sido un trabajo duro, miremos hacia atrás. Olvidemos el rencor con el tiempo, y admirémoslo un segundo. Un segundo de esos miles de millones que nos valieron una jugada o una decisión. Un movimiento de pincel.
Admito que tenía una disposición negativa cuando me decidí a escribir. De hecho, es la primera vez que podría estar realmente molesto escribiendo. Porque esta vez es algo que no puedo controlar desde mi interior. Pero todo eso se esfumó, como por arte de magia. No, de magia no; pero de arte sí. La música. Las melodías que golpean el cerebro, lo drogan y lo hacen reaccionar. Porque nuevamente la vida me abofetea para hacerme entender que no hay posibilidad más allá de las acciones, ni realidad más allá de las consecuencias. La justicia y el equilibrio, cosas en las que en algún momento estúpido creí, ya no son más que consuelos fantasmales y dañinos. Más dañinos que la misma esperanza de que se cumplan.
Puedo decir, que en este momento, en este segundo, en esta escala de notas y juegos de voces, me siento bien. Sería interesante que se extendiera por el tiempo y formara parte de mi, pero esa no es la gracia. El eco de la incertidumbre navega por mi cuerpo y mi alma. No se qué será de mi. Ya aprendí que nunca sucede lo que uno quiere, pero a veces, sólo a veces, se toman buenas decisiones, y hacen que el juego no aburra, que no vivamos logrando siempre lo que queremos. Porque eso sería aterrador, agotador, monótono, y muy, pero muy vacío. ¡Qué razón tiene la gente cuando dice: "Vamos, que no es el fin del mundo"!. Ese es precisamente el fin del mundo. Lo que queríamos lograr, lo que nos propusimos como meta, lo que sugestionamos como felicidad, lo que argumentamos sólo para responder a los demás, pero no a nosotros mismos. Todo es parte de un mundo soñador e idealista que creamos en nuestra consciencia amenazada y en nuestra subconsciencia silenciosa. Se acaba cuando lo logramos, el vacío final del viaje. El último peldaño, desde el cuál dejamos de vivir. La vida se pone a dormir, y con una sonrisa eufórica e impulsiva ocultamos el vacío tétrico y patético de no tener un sentido de vida. Y así, el mundo se va. De ahí nace el egoísmo, el egocentrísmo, y el sinismo humano. Me burlo de tus triunfos y espero con ansias cada momento en el que lo que esperaba se vuelve improvisadamente otra cosa. Creo colgar de mi vida; y cuando todo se acaba, enciendo la llama de las posibilidades, del "te imaginas", del plato preparado especialmente para mi. Algo llamado destino.
La vida es una pelea que se gana perdiendo, aprendiendo, razonando y finalmente, escribiendo bajo presión la historia de la que creemos ser parte de una u otra manera. El sentimiento que recibimos al mirar la huella turbulenta y curva que dejamos en la memoria de nuestra felicidad, del universo, del tiempo, y de la inspiración.

Este año se pasó volando. Como una gallina o un pingüino, pero volando. Todo sigue tan fresco, tan en movimiento, que es difícil describirlo. He caído por la cascada de las estrellas. Las entrañas del universo me acogen y me fermentan para convertirme en algo. Me he vuelto un tipo firme, estable y más seguro. No se si pasivo o agresivo, pero creo que estoy empezando a entender qué es la comunicación.

Acudiré a una de mis frases favoritas, y más influyentes. Soy sólo un punto en el cielo.
Las nubes son cada vez más transparentes, y a pesar de que detesto tocar la superficie, debo admitir que he estado viviendo en ella. Mi cuerpo es parte de la maldita atracción humana que no puedo negar. Al final la potencia de mis conecciones serán las que escriban por mi. Todo en la vida es una mezcla. El estado puro de la soledad, de la independencia, del cosmos autónomo, de la mente encarnada en el espacio; algún día lo viviré. Quizás cuando deje de entenderme, cuando ya ni siquiera dependa del resto de mi ser, cuando sepa a que me refiero. Cuando deje de inventar sensaciones, cosas, estados, emociones, experiencias, vidas, y cosas más allá de lo que se puede aplicar hasta en el sentido más abstracto. Asesinaré este sin sentido, este maldito post-modernismo, y lo reemplazaré con mis propios ideales. Hemos llegado tan lejos, que sólo nos queda una cosa. Todo a la vez. Salgamos del vehículo del tiempo y rompamos las barreras del conocimiento y el placer. Es hora de hacer algo por nosotros. Hora de dejar la ayuda que nos mantiene vivos, y seducir a la mente en su sedentarismo. Terminar la fantasía y abrir las compuertas de la expresión individual. Dejar escapar lo que sentimos. El miedo alardea que nos controla a todos. Somos tan egocéntricos que creemos importar más allá de lo básico. Lamentablemente, la única forma de vivir eternamente es muriendo prematuramente. El verdadero valor de tu vida es el polvo que el mundo limpia cuando quiere usar tus memorias, que ya han perdido totalmente su identidad.

jueves, 26 de agosto de 2010

Claustro

Son miles las situaciones que describen la parábola de una vida. Quizás mi vida, en función de la de los demás. Quizás la vida del resto, traducida al lenguaje de mi vida. Son cientos los acontecimientos que intentan intervenir en el ir y venir de los hechos. Son bastantes los que me hacen pensar de verdad. Son unos pocos los que me hacen creer que traerán un cambio en la circulación fluvial de mi mente. Pero creo que ninguno logra, ni logrará, arrebatarme mi integridad, que se endurece día a día y pide que la alimente a través de mis ojos encadenados a la mente.
Es increíble como matemáticamente puedo construir una relación entre lo que puedo descubrir en la gente, y lo que voy comprendiendo del todo. Gráficamente es aquella puerta al final del pasillo, que ni con el paso más acelerado se puede alcanzar. ¿Es eso un problema? Claro que no. Es hermoso trabajar para entender el sentido de la juventud, del futuro, y de lo que colorea la síntesis de emociones vacilantes que surgen de cada oportunidad, para apreciar el contexto, y lo que está a mi alcance. La inconsciencia ya no es amiga mía. Puedo desarmarla y darme cuenta de qué soy, quién soy, y cuál es la verdadera melodía que explica mis movimientos y palabras. La conciencia en cambio, no tiene límite, y se nutre de mis sentidos en acción. Aún no entiendo como puede haber algo tan maravilloso y que no tenga ningún costo en esta dimensión, como lo es el pensar.
Estamos determinados por nuestra propia razón, tenemos inacabable tiempo para crear, elaborar, plasmar en algo o alguien lo que queramos decir. Así como también el futuro es infinito; el medio, lo que pueda hacer como ser humano. Nace como infinito y deja una estela lineal, singular, el único pasado se come al impredecible futuro. Y acepta cualquier tipo de futuro. En este mismo momento, puedo salir a una infinidad de lugares, actuar de infinitas formas, expulsar infinidad de sonidos de mis entrañas. Las consecuencias no sólo formarán parte de mi pasado, si no que puedo tocar el frágil y protegido pasado de los demás. Dejar en sus recuerdos situaciones que nunca terminarán de entender ni agitar en sus mentes.

Últimamente he dejado que la vida se expanda exponencialmente. Ya dejé las ideas egocéntricas de llegar a la periferia del conocimiento, al borde (que ahora veo invisible) de este centro no muy lejano a mi realidad de 17 años de edad. Esta circunferencia es única, mi propio círculo de existencia. Nadie más puede tener un mapa del espacio metafísico que me rodea y me enseña aleatoriamente cada tema que reflejaré en mi mente, sin la influencia de sentimientos subjetivos que finalmente amenazan, pero no actúan. Jamás me había sentido tan libre. Pero lamentablemente esa libertad no es libre. Sólo permanece en mi cabeza curiosa y cariñosa. Lo único que me mantiene cuerdo finalmente es pensar, coherente o incoherentemente, en absolutamente todo. Lamentablemente, a pesar de tener su propio espacio, mi mente comparte el tiempo con mi cuerpo, y muchas cosas intentan distraerme para generar reacción alguna en esta inútil cápsula cerebral que llamamos cuerpo. Por otro lado, quizás en algún momento pensé que las palabras servían en un porcentaje razonable, pero estoy decepcionado terriblemente de ellas y su maldito líder: el Idioma. Por alguna razón, hoy no me siento con ganas de usar el recurso idiomático en su máximo esplendor. Pero creo que no puedo esperar más de un simple medio masivo de comunicación y expresión, carente de pureza y de factores obvios (en especial para entes de mi personalidad) como la transmisión de sentimientos y emociones volátiles. Me presentaron un aparato llamado Arte; dicen que es como el lenguaje, sólo que más elitista y difícil de interpretar, pero que abarca muchas más posibilidades de decir algo.

Volviendo al mundo terrestre, me dirigiré a un tema al azar, reconocible y apelable por todos.
Gracias a diversas experiencias gratificantes, puedo reafirmar una de mis degradables posturas previas. ¿Somos todos iguales? Sí y no. Me interesa la parte negativa. La estructura humana reconocible con la vista es irrelevante, pero a veces estos seres liberan y filtran voces distintas al ruido de la frecuencia vital monótona de los humanos que ya creemos reconocer. Me alegra mucho saber que no todo es vacío en esta delgada malla de seres reprimidos. Comienza una nueva etapa para mi en el potencial social de absorción. Dejaré de criticar (aunque no tenga claro mi posible reaccionar cotidiano frente a los seres con los que me he enfrentado). Me he caracterizado de una forma muy predeterminada (más de lo que creen) en mi estructura moral y psicológica. A veces los cambios pueden carcomer el miedo, así como el temor (porque miedo no es) puede inmovilizar las nuevas experiencias. En todos los ámbitos mantengo mi ritmo; quizás limítrofe, pero efectivo. Y francamente lo noté y lo dejé brillar el día de hoy. Hace unos segundos, mientras escribía esto, me di cuenta de la atemorizante labor que practico, que incluye lo que creía y hacía creer era menos sistemático.
Pero más que dirigirme por la autorreferencia, quiero enfatizar en el pensar ajeno. ¿Nadie teme acaso a cambiar su forma de vivir, de caminar, de conversar, de pensar, de ser? Aún no comprendo si los seres admirables tienen ese principio incorporado en sus perseverantes carácteres. ¿Será realmente la clave convertirse en una variable, y dejar de ser una constante conocida? El problema de la gente es que no piensa en cambiar. La gente siente placer cuando cree cambiar su llamada rutina diaria. Pero la verdadera rutina es, nuevamente, la forma de ser. Cambiar el producto que usas para el pelo o tomar un camino distinto para llegar a tus deberes no interfieren con la frecuencia que hay que gatillar para llevar la práctica al pensamiento. Y siendo más directo, hay que ser alguien distinto. Encarnar vitalmente oportunidades y perspectivas distintas de una misma situación. A mi juicio, es la única forma de romper la rutina, porque no creo en el sinismo de vivir una vida que cree hacerte feliz con lo práctica o cómoda que sea. La única forma es liberar la mente; y para eso se necesita conciencia. Esa misma conciencia que se autoexige la gente para defender el medio ambiente o a los más necesitados. Es así como fundarán su propio círculo infinito del todo. Asimilarán el vaivén agresivo del pensamiento y comprenderán que en sí mismos está todo. Podemos caminar como queramos en la calle, manejando el riesgo. ¿Por qué no vivir mezclando personalidad, autocontrol y realidad? Personalmente creo que la forma de sobrevivir en esta sociedad es la incorrecta. Es invasiva y obligada. Todo está creado en función del cuerpo y las necesidades carnales humanas. Nadie toma en cuenta las expresiones humanas, todo porque a nadie le interesan. Sin embargo, hay realidades hasta científicas que demuestran lo vago que puede ser utilizado el potencial humano. Todos saben que el cerebro humano es mucho más capaz, pero como las leyes de existencia son simples y fáciles de seguir, nadie tomará la vía dificultosa hacia la tierra prometida. Nadie se moverá de su "cómodo" lugar en la sociedad. Nadie irá más allá de la lógica tangible si no es con un empujón de comprensión. Realmente lo lamento por aquellos que no piensan más allá de lo que pueden apreciar los sentidos. Aquellos que piensan en vivir para sobrevivir, y no en sobrevivir para vivir.
El reloj es sincero y no miente, se acaba el tiempo de todos los parámetros medibles. Pero no me asusta. Sé que tengo mucho tiempo para vivir en aquel encierro que relata sólo una fracción de lo que sucede en su interior. Ya saben, el único lugar en donde surge la vida real.

domingo, 25 de julio de 2010

Vacío. Empiezo a comprender todo.

jueves, 20 de mayo de 2010

Caparazón

Últimamente me he dado vueltas en la cabeza miles de veces lo mismo. ¿Qué significa ser egocéntrico?.
La parte literal de mi cerebro quiere que la interprete como centrarme únicamente en mi mismo, casi sin darle importancia a los demás, y mentalizar todos los parámetros que me puedan afectar directa o sólo quizás indirectamente. Anular la existencia significativa de los demás. Que mi ser sea sólo yo, o aún peor, sólo mi mente. Porque los cuerpos son inútiles en una jerarquía donde rige la inteligencia por sobre el conocimiento, y el talento innato por sobre la práctica. Pero he oído que ser egocéntrico es adorarse, y verse como algo interesante y completo. En la primera definición creo que sí encajo, y en la segunda, quizás inconscientemente también.
El día de hoy especialmente, me siento vacío, pero puro. Omnipresente, pero ciego. Débil, pero poderoso. Y no me gusta para nada. Estoy sentado en el trono de un reino sin población. No sé si estoy decepcionado, inseguro o estupefacto. No tengo ganas de continuar sintiendo y no-sintiendo. Es extraño pensar que no recuerdo nada, y no entiendo nada. Que esa nada debería ser el todo. Que lo que era lejano ahora está en mis piés, y que no quiero caminar sobre eso. Tengo miedo, pero, ¿tengo miedo?. Estoy tan neutro que necesito ser alterado y sorprendido. Y a medida que voy escribiendo, más me inunda este sentimiento totalmente vacío y aterrador. Siento como si fuera a terminar siendo un robot con pilas de corta duración. Tengo que salir de aquí, esto me está matando. No tengo que pensar más.

sábado, 24 de abril de 2010

Aprilis

Está llegando esa época del año en la que el planeta está más lejos del sol. Esa época en la que podemos refugiarnos en la neblina. Esa época en la que puedo plasmar un aire de posesión al caminar por la calle, una visión carente de temores y hormonas desesperadas merodeando el ambiente. Realmente amo el invierno, y el gris del cielo. La opacidad de los colores que componen a un humano y a sus pertenencias. La ausencia de ese aire festivo y vanidoso. Del calor paralizante. Del ruido y las bocas hablantes. El invierno debilita los cuerpos, las ansias, las acciones impulsivas.
El verano es carnal. El invierno es mental.

Pensando en el vaivén de la fuerza de mi inconsciente, concluyo que el dolor interno, físico, es el peor de todos. La autodestrucción del cráneo. La compresión de la sien. Nada que se pueda hacer, el dolor de cabeza es como el cuco: Aparece por una razón que nunca entendiste, porque tu inconsciente necesita ese temor. Y viene y se va, y vuelve, hasta que el miedo, la inseguridad, la desconfianza y el delirio invaden la mente en su descanso.

Creo haber despertado. He descubierto facetas de la vida para detener el tiempo, para vivir en mi mismo, en mi conciencia. No en aquella droga que acelera el segundero del reloj, que se encuentra tras un vidrio inquebrantable y transparente. Pero la verdad, no siempre fue transparente; estaba empañado y recién ahora pude despejar, y borrar la oscuridad. Purificar el material para darme cuenta que he perdido tanto tiempo, tanta potencial sabiduría, tantos materiales a mi disposición, tanta gente en espera, tanta vida, tanto aburrimiento reflectivo, tanto... que es incontable. Un par de años en el que he llenado mi cabeza de basura inútil, extremadamente inútil. He vivido del apuro, de los momentos nocturnos post exploración de conocimientos, del ardor de las despedidas, del dormir físico, y de las noches ausentes de sueños. De un vacío mental que se encubre en la amistad, que succiona la seriedad, y el desarrollo. Que alimenta la crítica social y la burla observativa. Cosas que debí haber reemplazado por satisfacción psicológica. He caído en la tentación, y a pesar de haberlo notado hace meses, no pude reaccionar, porque es muy difícil salir de una acción que acelera tu pulso increíblemente, para volver a algo casi olvidado, algo que no tiene ni siquiera recuerdos y sólo se ve como una mancha borrosa en la lejanía. Quizás como estar frente a un abismo, donde al otro lado sólo hay niebla, y duda del destino que puede implicar el cruzar. Un abismo en el que decido no descender para subir por el otro lado, si no que prefiero quedarme en esta soledad, en esta droga de satisfacción temporal, pero vacío a largo plazo. Y me quedo acá, le temo al otro lado, pero se que es un lugar mejor. Me quedo en nada, en un lugar donde el tiempo avanza mucho más rápido.
Pero todo eso ya pasó, he decidido olvidarlo y reconstruir mi vida. Porque puedo escribir del amor sin estar enamorado. Porque nunca lo he conocido en su forma pura y directa, si no que en metáforas inconsistentes; lo que me permite idealizar de la forma más pura el sueño oculto más grande que poseo, la única decisión que estaría dispuesto a tomar sin dudarlo, la razón por la que soy solo un adolescente pretencioso, la única verdad detrás de mis miles de máscaras: amar. Pero es un termino demasiado abstracto y fundamentalista para consumirlo. Un tratamiento para crecer en conjunto, para destruir mis contradicciones, para ser un simple ente parte de un dúo. Para aplicar la teoría en la práctica. A pesar de ello, me gusta la visión que tengo sobre el tema. Es casi mitología, poesía, fantasía, religión. Algo impalpable que responde a la pregunta que hace la felicidad al nacer.
Sólo soy una pastilla que cuelga de un peso llamado sueños, que debo llenar con mi fuerza de voluntad, para no caer en un estanque de agua opaca, oscura, sucia y contaminada, y disolverme en las esporas de la sociedad monótona que tanto odio. Viviré del soñar. No habrá una persona capaz de aguantar tantas toneladas de sinismo, de basura que pueda expulsar de mi mente a diario. Mi mundo social, mi relación con los demás es una pieza mal de fábrica, que no encaja correctamente, y que agota las ganas de seguir tratando de completar el rompecabezas de mi vida. Lo mejor es continuar, ignorar el detalle, dejar el rompecabezas incompleto y autoconvencerse de que simplemente esa pieza no sirve. Y es mejor dejar el espacio vacío que forzarlo y hacerle daño a las otras piezas que arruinarían completamente aquel puzzle. No debo mezclar emociones con sentimientos, sueños con necesidades. Puedo ser feliz a mi manera, puedo vivir con un rompecabezas incompleto, puedo seguir idealizando el amor y dibujar sólo lo que imagine que va en el espacio que falta. Después de todo, los rompecabezas imperfectos nunca serán presentados en una exposición, y así nadie nunca sabrá que sucedió con aquel que resultó defectuoso de un principio.
Lamentablemente tengo que distinguir la verdad, y entrar en el tubo compresor de ideas, a hablar este maldito idioma que me deja desconforme, que no permite expresar precisamente lo que puedo oler, sentir, palpar, mirar, idear en mi interior. No hay respuesta a las interrogantes que surgen cuando escribo, no hay guión, no hay ni siquiera un boceto. Sólo abro preguntas, oraciones que terminan con una respuesta y un final alejado de la idea principal. Por eso me contradigo, por eso todo esto es incoherente.

Por favor disculpen la autoreferencia y la hipocresía que acabo de cometer. Disculpen también mi pésimo sentido de texto expositivo, nunca he podido comenzar y terminar una sola idea en el mismo párrafo, tiendo a desviarme.

sábado, 20 de marzo de 2010

Incolores

Muchísimas cosas han pasado desde la última vez que toqué el blog. Pero en síntesis, lo que más ha crecido en mi, ha sido la observación, la precaución, y la desconfianza, para bien o para mal, con la pseudogente que se cruza por mi vida, o por mi vista. Quizás me he humanizado un poco, o mejor dicho, he mirado mejor la desnudez de la realidad y de los caminos que la estigmatizada vida adolescente te obliga a tomar. El comienzo de este año fue desastroso. Parecía venir bien, pero sólo fue una tormenta de meteoritos, que justo cuando crees que se ve más enternecedor, cuando está más cerca de tus ojos, es cuando te descuartiza y te hace volar por el aire pensando cómo fuiste cegado y tentado, para bajar tu guardia y caer en el abismo de la inconsciencia (y ver con nitidez el camino en el que ibas caminando). Así apareció el cáncer, que se veía venir de las esporas de la sociedad, del tiempo, de la marcha constante de mi adorable suerte. Entonces, diagnostico. Diagnostico, profetizo y tomo el camino fácil al lujurioso futuro del nunca más. El placer de pensar, pensar y darle vueltas a lo que era obvio desde un principio (mentira, nunca fue obvio), eso es lo que haré de ahora en adelante, en mi defensa. Desconfiaré terroríficamente de las probabilidades que prometan felicidad y triunfo, que cumplan el objetivo de la teoría en práctica; y les daré valor, significado y respaldo a las que me adviertan del más mínimo detalle que pudiera causar que un insignificante camino de mi quinta dimensión, se distorsione y termine en una curva desagradable de mi sexta dimensión, que me traiga de vuelta al inicio. No, de vuelta al final con el que siempre se termina todo. La ira y el desconsuelo. Pero pareciera que uno gana inmunidad frente a esas emociones, que no son nada más que descontrolados pensamientos sobrantes y desconcentración, que traen debilidad, humanidad, y burlesca lástima de los desconocidos. A nadie le agrada darse vueltas en la cabeza cosas que te hacen sentir muerto. Pero todos tienen en común una ridícula pero eficiente fe y esperanza que parece invencible. Me da miedo observarla. Me da miedo observarlos, pues es una increíblemente minúscula capa de superficialidad la que uno logra conocer de un individuo, más si es un individuo conformista, vago y manipulado por sus clones, como la gran mayoría de los seres de este país. Los mismos asesinos de sueños ajenos, que se presentan como complemento al pseudointelecto simple de los más inadaptados.

Me aburre que todo sea tan predeterminado, en especial las posiciones físicas, sociales y culturales que manejan los roles de la ciudad. ¿Todos somos distintos? No y sí. Todos somos una masa manipulada por nuestros pensamientos. Creemos que hacemos lo correcto, que tomamos las decisiones más favorables, que nos mantendrán erguidos por los próximos minutos, segundos universales. Pero todos van al mismo camino vacío, de no complementar nada. No he aprendido nada que me llame la atención y me haga entregarme en cuerpo y alma a ese campo, a saber hasta el infinito. Pero eso no existe, siempre se llega al punto donde el otro llegó, y no se sigue, porque el razonamiento termina donde el de los otros se detiene. Mucho mejor suena distraerse haciendo lo mismo que todos los días ¿no?, terminar con una expansión del cerebro nula, que parece crecer más lento que el mismo cuerpo. Este mismo desconsuelo de saber que todo tiene un límite, es el que lleva a la gente a despreciar su vida, a enfermarse psicológicamente por culpa de su misma falta de interés; por no dejar un espacio libre en su diminuto cerebro rutinario, que con suerte es capaz de comunicarse con los otros seres básicos. Para lo único que sirve el humano promedio respecto a pensar, parece ser sobre cómo tener éxito en su relación con otros, con otras, con hacer una capa de superficialidad resistente y adornada. Ni siquiera quedarse unos segundos pensativo es bien visto por la sociedad. Siempre nace la ridícula pregunta: ¿Estás bien? La que me hace pensar en la respuesta: ¿Y tú? ¿Estás bien? ¿Tu vida está tan completa que ver a alguien intentando ir más allá de ti, procesar la infinidad de cosas que los ojos perciben pero nunca tienen tiempo de analizar, te perturba? ¿Crees que tu hipocresía de hacerme pensar que te importa va a darme soluciones a algo que ni siquiera entenderás, ni te interesa entender? Y esa nube que no puede ser explicada a la perfección ni interrumpida es la que hace distintos a todos ahora. Le asigna un rol en esta ciudad muerta a todos y cada uno. Hasta la persona que crees que más se parece a ti, está a millones de años luz de la frecuencia de tus pensamientos. Sólo va a aparentar, con sus sucias y contaminadas palabras, que piensa igual. Y eso, eso nunca podrá ser comprobado ni perfectamente acertado. Porque la mierda enfermiza mental que hay en cada una de nuestras mentes es lo único que es igual en todos. El morbo a pensar en basura tan grande, en lograr superficialmente el triunfo que nunca va a estar de acuerdo con lo que realmente piensas y jamás dirás con tu firma. Pero eso es algo que tampoco podré acertar ni comprobar. El humano promedio es muy conformista, existe la posibilidad de que sus mentes sean tan básicas de encontrar perfección artificial con lo primero que les haga usar sus habilidades sociales (y nada más que sociales). Y el resto, el humano no conformista y de los pocos que puedo excluir de algunas de mis palabras, ese, puede que si construya una realidad de acuerdo a su alma. Pero nunca será perfecta, porque estamos esparcidos de tal modo que los esfuerzos requeridos para conocer a alguien con quien compartir opiniones sean demasiado grandes. Si no deseas ir más allá de tus verdades, y sólo deseas satisfacer tus deseos carnales, estás en el universo correcto; si no es así, sólo busca un poco más, sé selectivo, odia si es necesario. Al final todos caemos en el mismo saco de hipocresía, porque el inconformismo también tiene un límite. Y cuando se llega a ese límite, es porque el tiempo se acaba, y el universo no va a ayudarte más.