Basta un segundo extra, una vacilación, un descuido para ver como todo se desmorona rápidamente. Basta un desequilibrio para caer de la cuerda floja. Bastan unas horas fuera de la dosis necesaria para recaer. Es un espectáculo delicioso. Una obra tragicómica del poder burlesco de la naturaleza. Pero hoy no es un mal día. No señores. Todavía estoy a tiempo. A hora. A minuto. Todavía puedo volver a drogarme y ponerme en curso. Ponerme en el frío y metálico carril que me mantiene en dirección y a salvo. Aún no se hasta donde lleva este carril. El carril de la felicidad. El carril del bienestar. El carril que pasea por todas las atracciones del parque que llamamos vida. La vida de J. Pero cuidado, que nada se toca. Solo se puede mirar desde este carro. Porque va muy rápido y es peligroso sacar los brazos. Es peligroso tocar las atracciones. Las tentaciones. A las demás criaturas. Al menos por ahora.
Porque yo te anhelo. Anhelo la prosa. Anhelo el papel. Anhelo las palabras. Desde lo más profundo. Pero este cuerpo y esta mente juguetona no me dejan llegar a ti. Ya llegará el día en que los controlaré. De verdad lo haré. Y es ahí, es entonces, cuando voy a desatar toda la ira y el momentum del corazón en este mundo.
Es hora de irme. Me toca pensar en como me voy a morir.
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