viernes, 2 de agosto de 2013

Dade

He hecho lo que me dijeron que hiciera. Caminé sin desviarme por el sendero marcado, no vacilé con las tentaciones que aparecieron a mi lado, ni tampoco disminuí la velocidad de mi constante marcha. Ahora me encuentro frente a la orilla de un enorme pantano abrazado por una tibia niebla rojiza. No puedo hacer más que petrificarme ante este nuevo e imponente escenario. ¿Qué debo hacer ahora? ¿Seguir hacia adelante y dejar que las pirañas de ficción me coman vivo antes de llegar a algún lado? ¿O quizás devolverme a buscar los paisajes, criaturas y momentos que ignoré a lo largo de mi viaje? Al menos tengo clara una cosa: debo reponer mis fuerzas antes de volver a mover mi cuerpo y empezar a mover mi mente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario