martes, 28 de diciembre de 2010

Crisálida

Y así como si nada, he dejado de creer en el ayer. O esa es la sorpresa que quiero darme. Me aburrí de vivir para conseguir los materiales que construirían mi historia. Porque si sólo la escribo ciegamente, se que podrá ser una historia auténtica. Vivamos hoy, y sólo cuando realmente haya sido un trabajo duro, miremos hacia atrás. Olvidemos el rencor con el tiempo, y admirémoslo un segundo. Un segundo de esos miles de millones que nos valieron una jugada o una decisión. Un movimiento de pincel.
Admito que tenía una disposición negativa cuando me decidí a escribir. De hecho, es la primera vez que podría estar realmente molesto escribiendo. Porque esta vez es algo que no puedo controlar desde mi interior. Pero todo eso se esfumó, como por arte de magia. No, de magia no; pero de arte sí. La música. Las melodías que golpean el cerebro, lo drogan y lo hacen reaccionar. Porque nuevamente la vida me abofetea para hacerme entender que no hay posibilidad más allá de las acciones, ni realidad más allá de las consecuencias. La justicia y el equilibrio, cosas en las que en algún momento estúpido creí, ya no son más que consuelos fantasmales y dañinos. Más dañinos que la misma esperanza de que se cumplan.
Puedo decir, que en este momento, en este segundo, en esta escala de notas y juegos de voces, me siento bien. Sería interesante que se extendiera por el tiempo y formara parte de mi, pero esa no es la gracia. El eco de la incertidumbre navega por mi cuerpo y mi alma. No se qué será de mi. Ya aprendí que nunca sucede lo que uno quiere, pero a veces, sólo a veces, se toman buenas decisiones, y hacen que el juego no aburra, que no vivamos logrando siempre lo que queremos. Porque eso sería aterrador, agotador, monótono, y muy, pero muy vacío. ¡Qué razón tiene la gente cuando dice: "Vamos, que no es el fin del mundo"!. Ese es precisamente el fin del mundo. Lo que queríamos lograr, lo que nos propusimos como meta, lo que sugestionamos como felicidad, lo que argumentamos sólo para responder a los demás, pero no a nosotros mismos. Todo es parte de un mundo soñador e idealista que creamos en nuestra consciencia amenazada y en nuestra subconsciencia silenciosa. Se acaba cuando lo logramos, el vacío final del viaje. El último peldaño, desde el cuál dejamos de vivir. La vida se pone a dormir, y con una sonrisa eufórica e impulsiva ocultamos el vacío tétrico y patético de no tener un sentido de vida. Y así, el mundo se va. De ahí nace el egoísmo, el egocentrísmo, y el sinismo humano. Me burlo de tus triunfos y espero con ansias cada momento en el que lo que esperaba se vuelve improvisadamente otra cosa. Creo colgar de mi vida; y cuando todo se acaba, enciendo la llama de las posibilidades, del "te imaginas", del plato preparado especialmente para mi. Algo llamado destino.
La vida es una pelea que se gana perdiendo, aprendiendo, razonando y finalmente, escribiendo bajo presión la historia de la que creemos ser parte de una u otra manera. El sentimiento que recibimos al mirar la huella turbulenta y curva que dejamos en la memoria de nuestra felicidad, del universo, del tiempo, y de la inspiración.

Este año se pasó volando. Como una gallina o un pingüino, pero volando. Todo sigue tan fresco, tan en movimiento, que es difícil describirlo. He caído por la cascada de las estrellas. Las entrañas del universo me acogen y me fermentan para convertirme en algo. Me he vuelto un tipo firme, estable y más seguro. No se si pasivo o agresivo, pero creo que estoy empezando a entender qué es la comunicación.

Acudiré a una de mis frases favoritas, y más influyentes. Soy sólo un punto en el cielo.
Las nubes son cada vez más transparentes, y a pesar de que detesto tocar la superficie, debo admitir que he estado viviendo en ella. Mi cuerpo es parte de la maldita atracción humana que no puedo negar. Al final la potencia de mis conecciones serán las que escriban por mi. Todo en la vida es una mezcla. El estado puro de la soledad, de la independencia, del cosmos autónomo, de la mente encarnada en el espacio; algún día lo viviré. Quizás cuando deje de entenderme, cuando ya ni siquiera dependa del resto de mi ser, cuando sepa a que me refiero. Cuando deje de inventar sensaciones, cosas, estados, emociones, experiencias, vidas, y cosas más allá de lo que se puede aplicar hasta en el sentido más abstracto. Asesinaré este sin sentido, este maldito post-modernismo, y lo reemplazaré con mis propios ideales. Hemos llegado tan lejos, que sólo nos queda una cosa. Todo a la vez. Salgamos del vehículo del tiempo y rompamos las barreras del conocimiento y el placer. Es hora de hacer algo por nosotros. Hora de dejar la ayuda que nos mantiene vivos, y seducir a la mente en su sedentarismo. Terminar la fantasía y abrir las compuertas de la expresión individual. Dejar escapar lo que sentimos. El miedo alardea que nos controla a todos. Somos tan egocéntricos que creemos importar más allá de lo básico. Lamentablemente, la única forma de vivir eternamente es muriendo prematuramente. El verdadero valor de tu vida es el polvo que el mundo limpia cuando quiere usar tus memorias, que ya han perdido totalmente su identidad.

1 comentario:

  1. me gusta que puedas resumir
    es cuático, como también me gusta que seas tan firme pero a la vez tan volátil (estar ni ahí) para otras, no?
    ya, si no lo deduje o algo de lo que escribiste opino que ashibidibi.

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